Friday 11 june 2010 5 11 /06 /Jun /2010 12:56
Por MIGUEL F HERNANDEZ
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Friday 26 march 2010 5 26 /03 /Mar /2010 12:23
DIEZ CONSEJOS PARA LOS MILITANTES DE IZQUIERDA EN ESTE 2010.

 

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1. MANTENGA VIVA LA INDIGNACIÓN Verifique periódicamente si usted es realmente El capitalismo, vigente hace 200 años, fracasó para la mayoría de la población mundial. Hoy, somos 6 billones(*) de habitantes. Según el Banco Mundial, 2,8 billones sobreviven con menos de US $ 2 por día. Y 1,2 billones, con menos de US $ 1 por día. La globalización de la miseria no es mayor gracias al socialismo chino que, a pesar de sus errores, asegura alimentación, salud y educación a 1,2 billones de personas.

4. SEA CRÍTICO SIN PERDER LA AUTOCRÍTICA Muchos militantes de izquierda cambian de lado cuando comienzan a buscar piojo en cabeza de alfiler. Apartados del poder, se tornan amargos y acusan a sus compañeros(as) de errores y vacilaciones. Como dice Jesús, vemos el polvo en el ojo del otro, pero no la viga en el propio ojo. Tampoco se enganchan para mejorar las cosas. Quedan como simples espectadores y jueces y, algunos, son captados por el sistema. La autocrítica no es sólo admitir los propios errores. Es admitir ser criticado por los(as) compañeros(as).

5. SEPA LA DIFERENCIA ENTRE MILITANTE Y "MILITONTO" "Militonto" es aquel que se jacta de estar en todo, participar en todos los eventos y movimientos, actuar en todos los frentes. Su lenguaje está lleno de explicaciones y los efectos de sus acciones son superficiales. El militante profundiza sus vínculos con el pueblo, estudia, reflexiona, medita; valora de forma determinada su área de actuación y actividades, valoriza los vínculos orgánicos y los proyectos comunitarios.

6. SEA RIGUROSO EN LA ÉTICA DE LA MILITANCIA La izquierda actúa por principios. La derecha, por intereses. Un militante de izquierda puede perder todo, la libertad, el empleo, la vida. Menos la moral. Al desmoralizarse, desmoraliza la causa que defiende y representa. Le presta un inestimable servicio a la derecha. Hay arribistas disfrazados de militante de izquierda. Es el sujeto que se engancha apuntando, en primer lugar, a su ascenso al poder. En nombre de una causa colectiva, busca primero sus intereses personales. El verdadero militante - como Jesús, Gandhi, Che Guevara - es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, u orgulloso al estar. Él no se confunde con la función que ocupa. 7. ALIMÉNTESE EN LA TRADICIÓN DE LA IZQUIERDA. Es preciso la oración para cultivar la fe, el cariño para nutrir el amor de la pareja, "volver a las fuentes" para mantener encendida la mística de la militancia. Conozca la historia de la izquierda, lea (auto) biografías, como el "Diario del Che en Bolivia", y romances como "La Madre", de Gorki, o "Las uvas de la Ira", de Steinbeck.

8. PREFIERA EL RIESGO DE ERRAR CON LOS POBRES A TENER LA PRETENSIÓN DE ACERTAR SIN ELLOS. Convivir con los pobres no es fácil. Primero, hay la tendencia de idealizarlos. Después, se descubre que entre ellos existen los mismos vicios encontrados en las demás clases sociales. Ellos no son mejores ni peores que los demás seres humanos. La diferencia es que son pobres, o sea, personas privadas injusta e involuntariamente de los bienes esenciales de la vida digna. Por eso, estamos al lado de ellos. Por una cuestión de justicia. Un militante de izquierda jamás negocia los derechos de los pobres y sabe aprender con ellos.

9. DEFIENDA SIEMPRE AL OPRIMIDO, AUNQUE APARENTEMENTE ELLOS NO TENGAN RAZÓN. Son tantos los sufrimientos de los pobres del mundo que no se puede esperar de ellos actitudes que tampoco aparecen en la vida de aquellos que tuvieron una educación refinada. En todos los sectores de la sociedad hay corruptos y bandidos. La diferencia es que, en la élite, la corrupción se hace con la protección de la ley y los bandidos son defendidos por mecanismos económicos sofisticados, que permiten que un especulador lleve una nación entera a la penuria. La vida es el don mayor de Dios. La existencia de la pobreza clama a los cielos. No espere jamás ser comprendido por quien favorece la opresión de los pobres.

10 HAGA DE LA ORACIÓN UN ANTÍDOTO CONTRA LA ALIENACIÓN Orar es dejarse cuestionar por el Espíritu de Dios. Muchas veces dejamos de rezar para no oír el llamado divino que nos exige nuestra conversión, esto es, el cambio del rumbo en la vida. Hablamos como militantes y vivimos como burgueses, acomodados en una cómoda posición de jueces de quien lucha. Orar es permitir que Dios subvierta nuestra existencia, enseñándonos a amar así como Jesús amaba, libremente.

Carlos Alberto Libanio Christo, mejor conocido como "Frei Betto" (1944), es un fraile dominico brasileño, teólogo de la liberación . Es autor de más de 50 libros de diversos géneros literarios y de tema religioso.)

FREI BETTO

Martes 11 de marzo de 2008, por Foro Diamantino (actualizado el 11 de marzo de 2008)    Ver en formato PDF

1. MANTENGA VIVA LA INDIGNACIÓN Verifique periódicamente si usted es realmente El capitalismo, vigente hace 200 años, fracasó para la mayoría de la población mundial. Hoy, somos 6 billones(*) de habitantes. Según el Banco Mundial, 2,8 billones sobreviven con menos de US $ 2 por día. Y 1,2 billones, con menos de US $ 1 por día. La globalización de la miseria no es mayor gracias al socialismo chino que, a pesar de sus errores, asegura alimentación, salud y educación a 1,2 billones de personas.

4. SEA CRÍTICO SIN PERDER LA AUTOCRÍTICA Muchos militantes de izquierda cambian de lado cuando comienzan a buscar piojo en cabeza de alfiler. Apartados del poder, se tornan amargos y acusan a sus compañeros(as) de errores y vacilaciones. Como dice Jesús, vemos el polvo en el ojo del otro, pero no la viga en el propio ojo. Tampoco se enganchan para mejorar las cosas. Quedan como simples espectadores y jueces y, algunos, son captados por el sistema. La autocrítica no es sólo admitir los propios errores. Es admitir ser criticado por los(as) compañeros(as).

5. SEPA LA DIFERENCIA ENTRE MILITANTE Y "MILITONTO" "Militonto" es aquel que se jacta de estar en todo, participar en todos los eventos y movimientos, actuar en todos los frentes. Su lenguaje está lleno de explicaciones y los efectos de sus acciones son superficiales. El militante profundiza sus vínculos con el pueblo, estudia, reflexiona, medita; valora de forma determinada su área de actuación y actividades, valoriza los vínculos orgánicos y los proyectos comunitarios.

6. SEA RIGUROSO EN LA ÉTICA DE LA MILITANCIA La izquierda actúa por principios. La derecha, por intereses. Un militante de izquierda puede perder todo, la libertad, el empleo, la vida. Menos la moral. Al desmoralizarse, desmoraliza la causa que defiende y representa. Le presta un inestimable servicio a la derecha. Hay arribistas disfrazados de militante de izquierda. Es el sujeto que se engancha apuntando, en primer lugar, a su ascenso al poder. En nombre de una causa colectiva, busca primero sus intereses personales. El verdadero militante - como Jesús, Gandhi, Che Guevara - es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, u orgulloso al estar. Él no se confunde con la función que ocupa. 7. ALIMÉNTESE EN LA TRADICIÓN DE LA IZQUIERDA. Es preciso la oración para cultivar la fe, el cariño para nutrir el amor de la pareja, "volver a las fuentes" para mantener encendida la mística de la militancia. Conozca la historia de la izquierda, lea (auto) biografías, como el "Diario del Che en Bolivia", y romances como "La Madre", de Gorki, o "Las uvas de la Ira", de Steinbeck.

8. PREFIERA EL RIESGO DE ERRAR CON LOS POBRES A TENER LA PRETENSIÓN DE ACERTAR SIN ELLOS. Convivir con los pobres no es fácil. Primero, hay la tendencia de idealizarlos. Después, se descubre que entre ellos existen los mismos vicios encontrados en las demás clases sociales. Ellos no son mejores ni peores que los demás seres humanos. La diferencia es que son pobres, o sea, personas privadas injusta e involuntariamente de los bienes esenciales de la vida digna. Por eso, estamos al lado de ellos. Por una cuestión de justicia. Un militante de izquierda jamás negocia los derechos de los pobres y sabe aprender con ellos.

9. DEFIENDA SIEMPRE AL OPRIMIDO, AUNQUE APARENTEMENTE ELLOS NO TENGAN RAZÓN. Son tantos los sufrimientos de los pobres del mundo que no se puede esperar de ellos actitudes que tampoco aparecen en la vida de aquellos que tuvieron una educación refinada. En todos los sectores de la sociedad hay corruptos y bandidos. La diferencia es que, en la élite, la corrupción se hace con la protección de la ley y los bandidos son defendidos por mecanismos económicos sofisticados, que permiten que un especulador lleve una nación entera a la penuria. La vida es el don mayor de Dios. La existencia de la pobreza clama a los cielos. No espere jamás ser comprendido por quien favorece la opresión de los pobres.

10 HAGA DE LA ORACIÓN UN ANTÍDOTO CONTRA LA ALIENACIÓN Orar es dejarse cuestionar por el Espíritu de Dios. Muchas veces dejamos de rezar para no oír el llamado divino que nos exige nuestra conversión, esto es, el cambio del rumbo en la vida. Hablamos como militantes y vivimos como burgueses, acomodados en una cómoda posición de jueces de quien lucha. Orar es permitir que Dios subvierta nuestra existencia, enseñándonos a amar así como Jesús amaba, libremente.

Carlos Alberto Libanio Christo, mejor conocido como "Frei Betto" (1944), es un fraile dominico brasileño, teólogo de la liberación . Es autor de más de 50 libros de diversos géneros literarios y de tema religioso.)

Por MIGUEL F HERNANDEZ
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Friday 26 march 2010 5 26 /03 /Mar /2010 12:01
http://josemariacastillo.blogspot.com/      Este blog de J del Castillo, nos demuestra que hay otra forma de ver el Cristianismo, Con tolerancia,  con respeto a otras formas de pensar o enterder la vida. Me siento identificado con su postura sobre la Iglesia y su jeranquia , donde dice; Que cada vez más se aleja de los ciudadanos, con posturas tan radicales y politizadas, como las que esta ejerciendo la Iglesia Española.  ENTRA Y LEE..........


http://josemariacastillo.blogspot.com/
                                                                      
Por MIGUEL F HERNANDEZ
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Wednesday 24 february 2010 3 24 /02 /Feb /2010 23:18

La asertividad es la CAPACIDAD de expresar los propios sentimientos,emociones,deseos e intereses de forma adecuada, en sociedad.

Es una habilidad social que nos ayuda a defender nuestros derechos y necesidades de forma clara y respetuosa con los demás.

                                       ELEMENTOS QUE CONFORMA LA CONDUCTA ASERTIVA:


                                        * SABER ESCUCHAR
                                        * ES EMPÁTICO. ( TRATA DE SENTIR LO QUE LA OTRA PERSONA SIENTE.)
                                        * TIENE RESPETO.
                                        * ES PROACTIVO /O. ( SE ANTICIPA A LOS CONFLICTOS)
                                        * ES POSITIVO.
                                        * BUSCA SOLUCIONES.
                                        *USA MENSAJES EN 1º PERSONA.
                                        * SABE NEGOCIAR..    
  

Por MIGUEL F HERNANDEZ
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Wednesday 27 january 2010 3 27 /01 /Ene /2010 22:40

   
-   El prestigioso filósofo Julián Marías acaba de escribir un librito, verdadera joya, titulado Perspectiva cristiana (Madrid 1999), En él define lo que él entiende por esta expresión: «El cristianismo –escribe– lleva consigo una visión de la realidad, enteramente original y que se añade a su contenido religioso, del cual emerge y que no se reduce a él. El hombre cristiano, por serlo, atiende a ciertos aspectos de lo real, establece entre ellos una jerarquía, descubre problemas y acaso evidencias que de otro modo le serían ajenos. Esto es lo que yo llamo la perspectiva cristiana».
 
Para esto nos resulta excelente la definición que de «izquierda» nos da la famosa actriz Pilar Bardem: «Se entiende por izquierda la apertura, la creencia en que es posible cambiar las cosas, estar al lado de los más desfavorecidos, luchar por los derechos humanos».
 
Como vemos, no se trata escuetamente de una formación política, sino de una actitud que, en nuestro caso, parte irremediablemente del ser cristiano, de suerte que la ausencia de este contenido denota unadegradación del mismo cristianismo.
 
Julián Marías sigue advirtiendo muy acertadamente que se tiene una imagen del cristianismo como un apartamiento del mundo, una orientación exclusiva al otro, un desinterés por lo presente. Pero esto es falso. Hay que observar el puesto que en la historia de la humanidad han tenido los pueblos cristianos. Independientemente del estado de la fe, de la vivacidad de la creencia, los pueblos condicionados por el cristianismo, los que han recibido la visión de la realidad procedente de él, la perspectiva cristiana, han sido los más interesados por este mundo, por su conocimiento, exploración, transformación, orientación hacia lo que han creído valioso y deseable. El cristianismo, en cuya historia se hallan muchas infidelidades, puede, sin embargo, orientarse acudiendo a sus grandes puntos de referencia, de los cuales el principal es el Nuevo Testamento.
 
Lógicamente, la fragilidad humana ha hecho posible que, a lo largo de su historia, el cristianismo haya caído en la gran tentación, a la que fue sometido el mismo Jesús: el poder. El poder de suyo tiende, ante la transformación y la atención a los marginados, a mirar para otro lado. Las iglesias, o se han aliado con este poder o se han dejado extorsionar por él o ellas mismas se han convertido en poder. Y en estas circunstancias su fuerza profética se ha debilitado o incluso se ha desvanecido. Pero siempre dentro del cristianismo abundaron los «disidentes», que, sin romper con su iglesia, han tomado una actitud de resistencia, asumiendo las dolorosas consecuencias de los conflictos, que emanaban de la cumbre de las instituciones eclesiales. Sin embargo, estos disidentes son los que, en gran parte, han mantenido la pureza de esa perspectiva cristiana e incluso han sido rehabilitados, casi siempre póstumamente, por la institución que los condenó o que los degradó.
 
Actualmente la misma Iglesia católica expresa su deseo de que el Jubileo del año 2000 implique una «conversión» (metanoia) y una consiguiente petición de perdón por el daño que «la Iglesia, aun en nombre de la fe, ha hecho en el pasado», como explícitamente ha declarado el papa Juan Pablo II. No obstante, los cristianos «de izquierdas» piden mucho más. No basta con la ceremonia solemne del arrepentimiento, ni tampoco con pedir perdón por la pasada historia. Es necesario que hoy y ahora los cristianos, no sólo las bases, que ya lo hacen, sino la llamada «Iglesia docente» se comprometa en el sentido que marca la gran referencia vangélica. Por eso nos preguntamos si la perspectiva cristiana puede mantenerse en una actitud neutral, solamente orientada al interior, al espíritu, a los claustros sin comprometerse pública y claramente por las actitudes políticas y sociales. Y siendo esto así, la pregunta es sencillamente ésta: los cristianos ¿pueden ser igualmente de derecha o de izquierda? ¿Están obligados por su fe a optar por una o por otra?
 
 
Jesús ¿era de izquierda?
 
Esta pregunta se la han hecho, sobre todo a partir de la Modernidad, muchos partidarios de los diversos movimientos de izquierda, como los anarquistas, los comunistas y los socialistas. Muchos de ellos no querían renunciar al cristianismo, al que consideraban entrañable.
 
Emblemática es la postura de los fundadoresdel Partido Socialista Español. Uno de éstos, quizá el más preclaro, Fernando de los Ríos, muy alejado del racionalismo materialista y cientificista que ha marcado la misma historia del PSOE y del resto de la izquierda española, se sitúa en lo que hoy denominaríamos «inteligencia sentiente» (Zubiri) o «inteligencia emocional»,
en definitiva, en un ámbito de reconciliación de la esfera de la razón y la esfera del reconocimiento. Para Fernando de los Ríos «religiosidad es emoción, es anhelo de libertad expresada en plegarias, mudas las más veces; el corazón, con razón a lo religioso, es un material despotenciado, muerto; toda oración férvidamente cristiana lleva en sí una negación de la limitación de la vida: el deseo de vivir en Dios sin deja de ser individuo. La más grande de las oraciones es el padrenuestro».
 
A muchos de nosotros nos ha dado vergüenza observar que se hacía una ecuación entre ser católico y ser de derecha. Esto último comprendía la resistencia a toda innovación, que alterara sus posturas prepotentes en la sociedad y que implicara una generosa «apostasía» a su estado de bienestar a costa de los marginados. Igualmente hemos sufrido al ver que los cristianos comprometidos, desde su fe, con movimientos y posturas de izquierda fueran condenados o recriminados por los responsables de su Iglesia. Por eso nos preguntamos: ¿se podría decir que Jesús fue de izquierda? José M.ª Castillo (Cuadernos Cristianisme i justicia . Barcelona, n.º 88, marzo 1999) subraya muy acertadamente que hablar de «pobres», desde el punto de vista de la religión y, más concretamente, desde el punto de vista del cristianismo, no es hablar simplemente de una cuestión de «dinero», sino, sobre todo, de un asunto de «poder», de valer y de dignidad.
 
Si repasamos los evangelios, descubrimos que para Jesús los «pobres» incluían a los publicanos y pecadores, los enfermos, las mujeres aun cuando fueran prostitutas, paganas, impuras, adúlteras o samaritanas. Es decir, para Jesús hablar de «pobres» era hablar de gentes débiles y marginales, situándolas en el centro mismo de la vida, en el primer plano de sus proyectos y preferencias. Sería imposible reducir aquí tanto los mensajes como la praxis de Jesús, que pueden caber en la definición de «izquierda» que nos da Pilar Bardem. Pero lo más sobresaliente es la presentación que de su programa mesiánico hace en la sinagoga de su propio pueblo. Nos lo narra así Lucas (1,16-19): «Y vino a Nazaret, donde se había criado, y entró como de costumbre en el día de sábado en la sinagoga y se levantó para leer. Y le fue entregado el libro del profeta Isaías, y desenrollando el libro encontró este pasaje: El espíritu del Señor ha recaído sobre mí, por eso me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado a proclamar a los cautivos amnistía y a los ciegos recuperación de la vista, a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar un año de gracia del Señor». Y tras la lectura Jesús se atrevió a decir: «Hoy se ha cumplido esta escritura en vuestros oídos». Esto produjo excitación e indignación entre los oyentes, para los cuales Jesús no era más que «el hijo de José», uno más de los habitantes de la insignificante aldea, que no figuraba ni en los mapas.
 
Después, leyendo los relatos evangélicos, comprobamos que Jesús cumplió sobradamente su proyecto, sanando a los enfermos, animando a los decaídos, concienciando a los oprimidos, denunciando a los grupos dominantes (fariseos, escribas, saduceos, sacerdotes, sumos sacerdotes, reyes). En tiempos recientes los cristianos que han sacudido el sopor de la «cristiandad», volviendo al Evangelio no han dudado en ejercer esa «denuncia profética», arrostrando la terrible venganza de los amos de este mundo globalizado y a veces de los mismos responsables eclesiales que se dejan manchar por el poder sometiéndose a él, aliándose con él o dejándose extorsionar.
 
Como vemos en el caso emblemático de Jesús, en la esencia del mensaje evangélico está la condición de «público» frente a la privacidad a la que han pretendido condenarlo algunos movimientos pretendidamente de izquierda. Ahora bien, la condición de mensaje público, evangélicamente hablando, no es de orden «técnico», sino «profético». El cristianismo no pretende aportar soluciones políticas o económicas a los males de la sociedad; simplemente ofrece el tesoro de sus valores, que indudablemente serán reconocidos y agradecidos no solamente por los creyentes cristianos, sino por todos los constructores sociales de buena voluntad.
 
 
Renovarse o morir
 
E n el capítulo 5 del Evangelio de Mateo vemos cómo Jesús adopta una postura dialéctica, esencial en todo proceso revolucionario. En primer lugar se resiste a la iconoclastia: No he venido a abolir, sino a cumplir. Pero al mismo tiempo se empeña radicalmente en una renovación, dejando atrás lo arcaico: «Habéis oído que se dijo a los antiguos... pero yo os digo». Las revoluciones han fracasado frecuentemente porque sus iniciadores se han creído dioses, capaces de construir una absoluta novedad sobre los escombros de un pasado convertido en ruina. Pero como quiera que la realidad de la historia no es maniquea, sino mezclada, al destruir absolutamente lo antiguo se prepara automáticamente el fracaso del ingenuo entusiasmo seudo revolucionario de primera hora. Hay que asumir los valores antiguos, aunque se deseche lo viejo. En caso contrario, lo antiguo, tras haberse refugiado durante la tormenta, reaparece quizá con más vigor y con pretensiones de prepotencia.
 
Éste quizá haya sido el fallo de muchos cristianos en sus loables intentos de «renovar».
 
En este mismo sentido se expresa San Pablo, aludiendo al ritmo de renovación que de por sí implica el cristianismo: «Todo el que está en Cristo es una nueva creación; lo viejo ya pasó, y ha empezado lo nuevo (2 Corintios 5,17). El cristiano se distingue por su adhesión a «la novedad de la vida» (Romanos 6,4). Y comparándose implícitamente con el atleta confiesa: No digo que ya he conseguido el premio, sino que voy corriendo. Y aun cuando poseo el premio (ya que fui agraciado con él por Cristo Jesús), yo, hermanos, a mí mismo me considero como si aún no lo hubiera conseguido, sino que busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está delante, corro hacia la meta, en vista del premio de la convocación celestial de Dios, en Cristo Jesús (Filipenses 3,12-14). Como vemos, Pablo en varios pasajes de sus epístolas utiliza como términos de comparación el lenguaje técnico de los juegos olímpicos, demostrando con ello que era un asiduo espectador de las olimpiadas. Pues bien, aquí tiene por delante al atleta, que se dirige incansablemente hacia la meta. Para ello tiene que olvidarse relativamente de lo que queda atrás, ya que para él el cristianismo es lo que desde el principio fue definido como «el Camino» (Hechos 24,14). Por consiguiente, la auténtica actitud cristiana no puede ser de suyo inmovilismo, o sea sentar de una vez para siempre los contenidos de la fe, las normas de la moral y las relaciones con la sociedad en que se mueve el pueblo de Dios.
 
Esto hace que el que profesa en profundidad y con sinceridad la fe no puede ser un hombre buscador de seguridades y persiguiendo afanosamente el modo de instalarse en una determinada forma, que cree absoluta e inamovible. Por eso, el «conservadurismo» no puede ser la meta del creyente, sino más bien lo que se llama el proceso histórico. Y esto lo prepara psíquica y moralmente para inclinarse por esa «izquierda», que precisamente exige la práctica de los mejores valores cristianos.
 

Conclusión
 

De todo esto se deduce que no puede haber dos tipos de cristianismo: uno espiritualista y evasivo y otro encarnado y comprometido. El cristianismo espiritualista empalma con aquella herejía llamada «docetismo», que ya los primeros cristianos rechazaron incluso en los concilios. Se trataba de suponer que la humanidad de Jesús era sólo «aparente» (dokein = aparecer). Con ello se negaba algo tan esencial como la Encarnación. La filosofía griega, que cundía entonces, despreciaba al cuerpo, que sería sólo una jaula, donde el alma estaba cautiva. Por el contrario, todo el Nuevo Testamento concibe al hombre como un ser total y el mismo término «soma» no puede traducirse exactamente por «cuerpo», ya que este vocablo presupone la dualidad, sino por «ser entero» (persona). Un tipo «encarnacionista» de cristianismo es el único aceptable para la esencia del mensaje cristiano. Pero ello no supone maniqueamente la renuncia al quehacer temporal, ni mucho menos. El Concilio Vaticano II lo dejó bien claro: «La misión confiada a la Iglesia no es de orden políticosocial, sino de orden religioso. De este orden religioso, que es propio de la Iglesia, brotan luces y energías capaces de contribuir a la consolidación de la sociedad humana. La Iglesia reconoce todo cuanto de bueno hay en el dinamismo social con-temporáneo, sobre todo la evolución hacia la unidad y la sana socialización» (Gaudium et spes, 42).
 
Por consiguiente, el cristianismo no puede optar por la posición «espiritualista», encerrándose en el templo, tapando los oídos al ruido de la calle, por miedo a que los de fuera –sobre todo los poderes– la recriminen diciendo que se ingiere en terreno que no le compete. La Iglesia, como hemos visto, debe ser esencialmente profética, y no encogerse ante el riesgo que ello inevitablemente comporta.
 
Finalmente, hay que denunciar el pecado que con cierta frecuencia cometen las iglesias, cuando justifican su adhesión, su compromiso o su silencio frente a los males sociales, como son las dictaduras, los absolutismos y, en general, la falta de respeto por los derechos humanos, aduciendo la excusa de que solamente así pueden mantener la institución, que de otra manera se vería seriamente afectada. Esta postura equivale simplemente a confesar que el fin justifica los medios, siendo así que el comprometerse con la verdad, la libertad y la claridad de conciencia es un bien mucho mayor que la supervivencia de la institución.
 
Por todo ello, aparece claro que en la perspectiva cristiana la izquierda, entendida en esa actitud ética, imperada por el propio sentido común y por los exquisitos valores que como tesoro inapreciable posee el cristianismo, no puede ser meramente optativa, sino en conciencia obligatoria para todos los cristianos, sobre todo para los más responsables.
 
Si la cosa no funciona así, se corre el peligro seguro de una pérdida de fe entre los cristianos y un doloroso alejamiento de éstos frente al mismo cristianismo.

José Mª González Ruiz es teólogo.

  Tomado de: Centro Evangelio y Liberación. Revista Éxodo.
Por MIGUEL F HERNANDEZ
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